divendres, 20 de març del 2009

Ho haveu vist aixó?

¿Viejos a los 27?

Un estudio de la Universidad de Virginia indica que las facultades mentales empiezan a declinar antes de los 30

Anna Solana | 20/03/2009 | Actualizada a las 01:03h | Gente y TV

La juventud de nuestra mente no va mucho más allá de la adolescencia. Para Timothy Salthouse, de hecho, alcanzamos el máximo de nuestras facultades mentales a los 22 años. Luego, al parecer, todo es cuesta abajo.

Según este investigador del Departamento de Psicología de la Universidad de Virginia (Estados Unidos), autor de ocho libros y numerosos artículos, a los 27 empieza el deterioro, con lo que las terapias para prevenir las enfermedades relacionadas con el envejecimiento deberían empezar mucho antes de que la gente sea pensionista.

Lo deduce de un estudio llevado a cabo con 2.000 hombres y mujeres durante más de siete años. Los voluntarios, entre 18 y 60 años, tenían que resolver puzzles visuales, recordar palabras, detalles de relatos que les contaban y detectar patrones en series de letras y símbolos. Pruebas parecidas a las que se usan para diagnosticar enfermedades mentales o la pérdida de la capacidad cognitiva.

La investigación, publicada en la revista académica Neurobiology of Ageing, pone de relieve que en 9 de cada 12 tests la media de edad en la que se conseguía la máxima puntuación era 22 años. La cosa empezaba a ir peor a partir de los 27 años, sobre todo en pruebas de razonamiento, rapidez de pensamiento y visualización espacial. La memoria se resentía a partir de los 37 y, en otros tests, el rendimiento mental bajaba a partir de los 42 años.

Resultados no muy halagüeños que el estudio compensa con un dato positivo: en las pruebas de vocabulario e información general, o sea, en las relacionadas con la acumulación de conocimiento, las habilidades aumentaban hasta los 60 años.

dijous, 19 de març del 2009

Ese sedante llamado Dios (de Cesar Hildebrant)

Inzlicht y Dios
Un profesor de psicología llamado Michael Inzlicht, de la Universidad de Toronto, ha publicado un estudio en el que sostiene que los creyentes en Dios sufren menos ansiedad y estrés que los agnósticos.
Inzlicht ha observado que, ante una situación de tensión, los individuos con creencias religiosas desarrollan una actividad mucho más discreta en el denominado córtex cingulado anterior, una zona cerebral que dispara las alarmas ante un posible episodio de angustia.
O sea que, según el profesor Inzlicht, la creencia en Dios actuaría como un sedante natural.
La verdad es que este estudio, publicado en la revista Psychological Science, no revela una gran novedad.
Confirmaría, sí, que pertenecer al inmenso club de Dios ejerce un efecto relajante, una sensación de estar bajo la protección de una Corporación invencible que distribuye el más codiciado de los productos: la inmortalidad del alma, la posibilidad de ser recompensados cuando somos inmóvil esqueleto, y la más audaz esperanza de resucitar el día inevitable del Juicio Final (mira qué mayúsculas).
Cuando Marx dijo que la religión era el opio del pueblo no estaba formulando una mera provocación de materialista dialéctico. Lo que quiso decirnos es que, tal como lo podría haber confirmado el doctor Inzlicht, la religión opera como un tranquilizante social y es parte de los mecanismos de control que ayudan a impedir la explosión.
Algún día se descubrirá que el misticismo religioso adormece parte del córtex, lanza al torrente sanguíneo una enzima que produce estoicismo y amor por la mortificación, supervisa la adrenalina accidental y dirige el tránsito hormonal con la severidad de un policía de Boston.
En resumen, que no es que Dios da paz sino, más bien, que la paz necesita a Dios para ser conservada.
Si el mundo fuera menos estúpido y más justo el calmante de Dios, vertido en forma de maná de boticario, sería menos necesario.
Cuando un palestino-bomba revienta en medio de una multitud judía, está convencido de que Alá lo reivindicará allá en el cielo, donde no hay franjas de Gaza ni muros de vergüenza.
Cuando un aviador judío masacra a una familia palestina, está seguro de que Jahvé lo autoriza y lo aplaude desde ese cielo preciso que cubre sólo las tierras prometidas (ese cielo controlado ahora por los F-18).
Si Dios otorga la serenidad necesaria para matar al otro sin remordimientos, imagínense qué salutíferos efectos tendrá en la vida cotidiana.
¿No debiera ser la amapola un símbolo deísta? ¿Cinco miligramos de Xanax serán un sucedáneo de Dios? ¿Y la valeriana de la tierra, no será parte del diseño inteligente?
Voltaire creía en Dios porque decía que no podía imaginarse un reloj sin un relojero que lo hubiese creado. El solo hecho de que Voltaire comparara al mundo con un reloj da una idea del sofisma mecanicista por el que deambulaba.
Los agnósticos, en cambio, hemos construido nuestro propio purgatorio. Y no nos quejamos ni matamos en nombre de algún Ser Superior (otra vez las mayúsculas).
Sabemos que admitir a Dios sería un paso hacia la membresía más universal, pero nos negamos a dar ese paso inspirados por el miedo.
Creemos, eso sí, que Dios no ha dado ninguna prueba de su existencia y que, de existir, se ha pasado una larguísima vida jugando a las escondidas y mirándonos desde una soledad descomunal y desde un narcisismo poco digno de un ser tan sublime.
Lo que sí sabemos es que la usurpación que ha padecido Dios por parte de sus muy terrenales plenipotenciarios demuestra, precisamente, la mágica impostura de las religiones.
Y ya no hablemos de los Dioses que ordenan matar primogénitos, de los que prometen vírgenes en lechos de nube para los que maten en su nombre y de los que ordenaron quemar vivos, por herejes, a quienes investigaban la circulación de la sangre.
Eso ya no tiene que ver con Dios. Tiene que ver con los manicomios.
Publicado por César Hildebrandt. Blogger. en 19:04 5 comentarios

dimecres, 18 de març del 2009

De Diego Cugia (FaceBook d'una amiga de Roma)

Nel cuore dell’Africa sub-sahariana è arrivato l’Essere vestito di bianco con la croce d’oro massiccio. Doppie ali di donne e uomini neri hanno gioito festosi al passaggio del colombo di Dio appollaiato nella lussuosa papa-mobile, dall’aeroporto fino a Yaoundé, la capitale del Camerun. Trenta chilometri di applausi, neanche i Beatles. È arrivato lo Zio d’America del Vaticano.
Se non avessi mai goduto di un cinema o di un Pc, di un tramezzino tonno e carciofini o di una play, se non avessi mai posseduto una casetta o una bottiglia di Ferrarelle, anche io mi sarei scorticato le mani ad applaudirlo e avrei cercato di toccare il puffo bianco. Se poi un missionario mi avesse curato, se un Gino Strada avesse salvato mio figlio, se una piccola suora mi avesse parlato dell’amore del Cristo, e che dopo morto sarei diventato ricco nella Sua luce, insomma, se invece che a Roma fossi nato a Yaoundé, mi sarebbe apparso tenerissimo perfino il sorriso aguzzo del pastore tedesco. Ma per sfacciata fortuna sono un poker servito vivente: mio padre era un avvocato bianco e mammina, per regalo di nozze, ricevette un appartamento di 180 mq e box doppio. Da ragazzo ho cavalcato moto giapponesi e letto i classici russi, mangiato bistecche di chianina, apprezzato il gusto del Veuve-Clicquot, studiato nei migliori licei della capitale, fatto il contadino a Marsiglia “per esperienza” e baciato ragazze profumate da Yves Saint Laurent. E naturalmente sono stato in Africa e ho potuto permettermi il “mal d’Africa”: malattia nostalgica infame, di chi, standosene stravaccato in un salotto di Roma o di Milano, rimpiange il silenzio maestoso dell’Africa dei tour-operator. Che mi frega del Camerun dell’Aids? Non sono cazzi miei se solo in quella fascia di Continente Nero, 25 milioni di esseri umani uguali a me, e che non hanno avuto la fortuna sfacciata di nascere in una bella clinica romana, sono appestati dalla malattia dell’amore e condannati a morte. Potrebbero evitarlo? Sì. Basterebbe che usassero i profilattici. Non sono sicuri al cento per cento, però al novanta sì. Ma l’Ambasciatore del Cristo ha detto loro di no. L’Uomo del Monte Sinai l’ha vietato. (Ed è come se avesse crocifisso Gesù un’altra volta). No, non potete, il profilattico è peccato. Siate casti, piuttosto. Ovverosia, non fate l’unica cosa gratis che vi resta nella vita: l’amore. Ma Ratzinger ha fatto peggio. Ha aggiunto che i preservativi “aumentano i problemi”. Infine lo squalo bianco del dio dei ricchi ha raggiunto la vetta della ferocia umana: “Soffrire con i sofferenti”, questo -a suo dire-sarebbe la missione dei fratelli in Cristo. Non “evitare” a milioni di poveri sofferenze indicibili. No: “soffrire con i sofferenti”, pur di non cedere di un millimetro alla barbarie integralista dell’amore proibito tranne che per fini di procreazione. Che da una coppia di malati, poi, nasca un bambino a sua volta condannato a morte dall’Aids, per il sommo pontefice è indifferente. Quale immensa differenza con il Gesù dei poveri, dei bimbi e delle prostitute! Che Dio ieratico e spietato tiranneggia Papa Ratzinger. “Soffrire con i sofferenti”, quando potresti non farli soffrire, è perverso.

La "història" d'un terrorista de TIME


The Making of a Mumbai Terrorist

Chhatrapati Shivaji Terminus was the scene of carnage last November after Mohammad Amir Ajmal Qasab, with his partner Ismail Khan, opened fire on commuters.
Chhatrapati Shivaji Terminus was the scene of carnage last November after Mohammad Amir Ajmal Qasab, with his partner Ismail Khan, opened fire on commuters.
Sebastian D'souza / Mumbai Mirror / AP
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Rawalpindi is not a city where fortunes are made. It is a refuge for those seeking relief from the backbreaking labors of rural life and a home for those fleeing the violence on Pakistan's troubled frontier with Afghanistan. 'Pindi, as it is known, may be a stifling metropolis where crime goes unpunished and hard work unrewarded, but it also offers a chance at the first rung of a very long ladder toward financial stability. Yet that ladder goes only so high. The greensward of the Rawalpindi Golf Club teases the poor with dreams of the good life, but its gates are firmly closed. In Rawalpindi, there are no holes in the fence that divides the classes.

That doesn't stop people from trying to slip through. It was in Rawalpindi that Mohammad Amir Ajmal Qasab, the surviving gunman from the terrorist massacre that claimed 165 lives in Mumbai last November, took his first step toward infamy. In 2007 he visited a market stall run by Lashkar-e-Taiba (LeT), an Islamist extremist group that has been blamed for the Mumbai attacks, among others. Qasab, at the time, was neither particularly religious nor particularly violent — just one of millions of poor young men in South Asia trying to cross the fence to a better life, existing in a shadow land between aspiration and extremism. (See pictures of a Jihadist's journey.)

What makes Qasab unusual is not that his story is rare but that we know its outlines. After he and Ismail Khan, the leader of the attack, shot up the Victoria Terminus railway station in Mumbai, they were stopped by police at a roadblock. Khan was killed, but Qasab was taken into custody, and he dictated a long confession to Mumbai police. TIME has obtained a copy. As a legal document, it is of questionable value; it was almost certainly obtained under duress and has been widely circulated. But as a narrative of the transformation of a country boy into a jihadist, it is believable and — more than that — important. Understand Qasab's story and you begin to understand why young men throw in their lot with Islamic extremists, why Pakistan may be the most dangerous country in the world, why the half-century-long dispute between India and Pakistan over Kashmir is not just a local problem, why education reform in the poor world is an issue of national security in the rich one — and why draining the swamps in which terrorism is spawned has been so difficult.

Going Underground
In the early 1990s, Pakistan was in a state of euphoria. Islamic holy warriors, many from cities like Rawalpindi, had defeated the Soviet army in Afghanistan, and jihad was on everyone's lips. In 1990, Muslims in Kashmir — the Himalayan territory that India and Pakistan have been arguing and fighting over since 1948 — rose up against Indian rule, and the mujahedin soon found a new cause. The Pakistani military used the jihadi movement, hoping that guerrilla warfare would destabilize its enemy India where conventional warfare failed. Jihadi groups in Pakistan collected donations for Kashmir. Young men signed up for training camps, where they concentrated on physical fitness and learned how to use weapons. Jihad wasn't just a diversion from ordinary life; it was a rite of passage. (Read: "India: After the Horror.")

But after Sept. 11, 2001, everything changed. Pakistan, given no choice by the U.S., stopped supporting the Taliban regime in Afghanistan, which had allowed jihadi training camps to flourish on its soil. On Dec. 13, 2001, a band of Pakistan-based fighters attacked the Indian Parliament. Two weeks later, the U.S. government placed LeT, one of the jihadi groups thought to be behind the attack, on its list of proscribed organizations. The next month, Pakistan's then President, General Pervez Musharraf, bowed to international pressure and declared that no Pakistan-based group would be allowed to commit terrorism in the name of religion. Musharraf banned five jihadi groups that his army had long nurtured. (See pictures of the battle against the Taliban.)

To Musharraf's interlocutors in Washington, this must have sounded like progress. But his decision just shunted the jihadist mentality underground. With a nod and a wink, organizations like LeT re-emerged under new names. The camps were officially closed, but training shifted to hideaways deep in the mountains, where government officials could ignore them. Recruitment continued, strengthened by the perception of unjust — and U.S.-driven — persecution of Muslims.

It was in this climate of official duplicity that Qasab arrived in Rawalpindi. He was not seeking his shortcut to heaven. Rather, he says in his confession, he followed a friend in search of riches. "As we were not getting enough money, we decided to carry out robbery," he says, and they scoped out a house.

That was a common choice. "Robbing houses is easier than finding a job in 'Pindi," says Imran Asghar, a crime reporter for the English-language Daily Times. But to rob a house, Qasab needed weapons. So on Dec. 19, 2007, an important Muslim holiday, he set out for Raja Bazaar, a congested boulevard crammed with gun shops and decorated with hand-painted billboards portraying men hoisting AK-47s. Seeking guns in Raja Bazaar was an amateur move (even in 'Pindi, without a license, you won't get a gun from a shop), but it led Qasab to a LeT stall that had been set up for the holiday. "We thought that even if we procured firearms, we could not operate them," he says in the confession. "Therefore, we decided to join LeT for weapon training."

Qasab does not say in his confession if he ever robbed the house. It doesn't really matter. Crime and terrorism are intertwined — illicit weapons-trading, drugs, smuggling and kidnap-for-ransom schemes fund terrorist networks all around the world. In Pakistan, the connection is deeply ingrained. "When someone commits a crime," says Asghar, "there are so many hands to support him but so few to pull him out. And if I feel guilty for what I have done, I go to mosque. There I am invited to jihad, and I am given a license for paradise. That is where crime and terrorism meet." From the LeT stall, Qasab was directed to the group's offices, where after a brief interview, he was given the address of a training camp and money for the bus. He was on his way.

The Banality of Terror
It would be convenient to think of Qasab as a psychopath, exploited by cynical handlers who corrupt young men in the name of religion. In fact, his origins are ordinary. In his confession, Qasab, now 21, says he was born in the village of Faridkot, in Pakistan's Punjab province. He is said to have been a typical teenager, not especially religious, albeit with a reputation as a troublemaker. His family is poor — his father sells fried snacks at a bus station — but owns its own house. Qasab attended the local primary school; at 13, he left the village to live and work with his elder brother in Lahore.

Qasab's is the classic profile of a jihadi, according to Pakistani psychologist Sohail Abbas. In 2002, Abbas interviewed 517 men who had been jailed for going to fight U.S. troops in Afghanistan. Unlike the stereotypical image of a terrorist — illiterate, fanatic and trained in madrasahs, or religious seminaries — the men had relatively high levels of literacy and were more likely to have been educated in government schools than in madrasahs. Religion wasn't necessarily the only reason they turned to jihad. A Pakistani who enrolled in a training camp in Kunar province, Afghanistan, told TIME that he went for "tourism and adventure."

See pictures of the days of terror in Mumbai.

See pictures of British soldiers in Afghanistan.

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dimarts, 17 de març del 2009

Renovació "espiritual" de la sexualitat... Hòstia... no ho entenc!

"El sida no se resuelve con preservativos"

MIGUEL MORA - 61 comentarios

El Papa apuesta por "una renovación espiritual y humana de la sexualidad" en su primer viaje a Africa, que arranca en Camerún

dilluns, 16 de març del 2009

La crissi a Al Jazeera


Van magres a tota banda i arreu... (clicar titol)

diumenge, 15 de març del 2009

Els "altres" subsaharians (de El País)

REPORTAJE: PERMISIVIDAD EN LAS DICTADURAS

'Bugattis' a golpe de corrupción

La entidad Global Witness reclama a Gobiernos y bancos que no negocien con regímenes enriquecidos a costa de esquilmar los recursos naturales y empobrecer a sus países

JUAN JESÚS AZNÁREZ 15/03/2009

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A golpe de talonario y secreto bancario, la mansión de Teodorín Nguema Obiang en Malibú (California) fue adquirida por 36 millones de dólares (27,7 millones de euros al cambio actual). Y los tres Bugatti Veyron del hijo del dictador de Guinea Ecuatorial, que queman los neumáticos en 15 minutos cuando alcanzan una velocidad de 407 kilómetros por hora, costaron cerca de dos millones. Teodorín consumió más de seis millones de euros en una flota de Ferrari, Maserati y Rolls Royce, mientras el 80% de sus 600.000 compatriotas sobrevive con menos de 200 euros mensuales, sufre pandemias y chabolismo, y desconoce la identidad de los bancos que administran los más de 2.000 millones de euros ingresados anualmente por Guinea Ecuatorial en ventas petroleras.

    Teodoro Obiang Nguema

    Teodoro Obiang Nguema

    A FONDO

    Nacimiento:
    1942
    Lugar:
    (Acoacan)
    Guinea

    Guinea

    A FONDO

    Capital:
    Conakry.
    Gobierno:
    República.
    Población:
    9,806,509 (est. 2008)

La noticia en otros webs

"La laxitud de los Gobiernos permite a algunos de los mayores bancos facilitar el saqueo de países pobres"

Al menos hasta noviembre de 2007, el hijo de Teodoro Obiang, que es ministro de Agricultura y Bosques, con un sueldo oficial equivalente a 3.151 euros al mes, despilfarró millones desde una cuenta en París del banco británico Barclays, que obstaculizó las investigaciones de Estados Unidos sobre el origen de las cuentas de la familia presidencial pese a las "claras evidencias de que su familia está profundamente implicada en el saqueo de fondos estatales procedentes del petróleo", según un informe de la organización no gubernamental Global Witness, con sede en Londres, titulado Cómo los bancos hacen negocio con regímenes corruptos. Al igual que los parientes de otros autócratas africanos, el hijo de Obiang se declara inocente. Durante una comparecencia judicial en Suráfrica, en una causa que ventiló la sospechosa adquisición de dos casas valoradas en siete millones de dólares en Cape Town, Teodorín argumentó que los funcionarios de su país pueden participar en empresas mixtas y cobrar parte de los contratos firmados con la Administración.

No sólo los guineanos de la plutocracia palaciega disfrutan de los favores y la opacidad bancarios. El hijo del presidente del Congo, Denis Christel Sassou Nguesso; los saqueadores de los recursos naturales de Liberia, entre ellos, el señor de la guerraCharles Taylor, reo de crímenes contra la humanidad en La Haya; el fallecido ex presidente Saparmurat Niyazov, violador de los derechos fundamentales en Turkmenistán, o los funcionarios adueñados del petróleo de Angola figuran en la relación de clientes de Barclays, Citibank, Deutsche Bank y HSBC, entre otros bancos, siempre según Global Witness. Esta organización fue creada en 1993, la financian fundaciones de caridad y asistencia al desarrollo, así como los Gobiernos de Canadá, Suecia e Irlanda. En 2003 fue aspirante al Premio Nobel de la Paz por su investigación sobre los diamantes en zonas en conflicto.

"La corrupción no es sólo cosa de un dictador que controla los ingresos del comercio de los recursos naturales de su país. Se necesita también un banco deseoso de conseguir el dinero", precisan los redactores del informe. Ninguno de los 24 miembros del Grupo de Acción Financiera Contra el Lavado de Dinero (FATF, por sus siglas en inglés), integrado por los principales países del mundo, entre ellos España, ha cumplido la Recomendación 5 del FATF, favorable a la promulgación de leyes que obliguen a los bancos a identificar a sus clientes, según la ONG citada. Portavoces del Santander, mencionado a propósito de la cuenta abierta por una empresa guineana asociada a la familia Obiang, invocaron la legislación que impide la divulgación de datos sobre sus clientes.

Sassou Nguesso, hijo del presidente de la República del Congo, cliente del Bank of East Asia, sólo necesitó un paraíso fiscal británico y tarjetas de crédito para gastar un montón de dinero en bienes suntuarios. Llegó a facturar en torno a 30.000 euros mensuales en Chanel, D&G, Christian Dior, Louis Vuitton, Biondini, Lancel y otras tiendas de moda, alguna en Marbella. Su cuenta fue abierta a nombre de la compañía Long Beach, una de las terminales de los ingresos petroleros del Congo. "El Bank of East Asia tenía todos los elementos para saberlo"; entre ellos, una investigación de las autoridades contra el blanqueo de capitales de Hong Kong. No obstante, abrió una cuenta a una empresa propiedad del hijo del presidente de un país "donde es bien sabido que la corrupción es endémica", se lee en el informe.

Importantes bancos del mundo fomentan la corrupción en los países más pobres del planeta, afirma Global Witness, al abrir cuentas y negocios a los regímenes más corruptos ocultando la verdadera identidad de los expoliadores de riquezas naturales. Sólo con sus exportaciones de crudo y minerales, África ingresó 260.000 millones de dólares en 2007. "La laxitud en las regulaciones (gubernamentales), derivada de la restricción del crédito, ha permitido a algunos de los mayores bancos de mundo facilitar el saqueo de los ricos recursos naturales en los países pobres", declaró Gavin Hayman, directivo de Global Witness. "Si se quiere que los recursos como el petróleo, el gas y los minerales ayuden realmente a África y a otras regiones pobres a salir de la pobreza, los Gobiernos deben asumir la responsabilidad de impedir que los bancos hagan negocios con los dictadores corruptos y con sus familias".

Tras su investigación, apoyada en pesquisas policiales y datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), la organización no gubernamental instó a los líderes del Grupo de los Veinte (G-20), que se reúnen en Londres el próximo mes de abril, a cumplir con sus promesas de ayudar a los pobres. Para hacerlo, tendrían que impedir las inmorales prácticas de los autócratas, en boga desde los años del saqueo de las arcas públicas por Ferdinand Marcos (Filipinas, 1917-1989), Suharto (Indonesia, 1921-2008), Mobutu (Congo, 1930-1997) o Sani Abacha (Nigeria, 1943-1998). El tren de vida de esos y otros dictadores, sus compras de mansiones, aviones y voluntades, ocurren en países castigados por la miseria y la ausencia de libertades.

Las acusaciones de Global Witness son directas y graves. "Citibank facilitó la financiación de dos despiadadas guerras civiles en Sierra Leona y Liberia", asegura. Y decenas de bancos europeos y chinos concedieron miles de millones de dólares en préstamos avalados por el petróleo a la opaca compañía nacional del petróleo del Angola, SONAGOL. "A estas entidades les consta que estos fondos se han utilizado de forma corrupta y para la compra de armas".

dissabte, 14 de març del 2009

Sideshows, o el circ d'abans (de la BBC)

Audio slideshow: Step Right Up

The sideshow was once a highly popular form of fairground entertainment. Dancing girls, snake charmers and the "world's largest rat" were all part of the fun. But as mechanised rides became widespread in the 1960s, the shows faded away.


Here, Jon Marshall of Sideshow Illusions and Prof Vanessa Toulmin, Director of the National Fairground Archive at The University of Sheffield reminisce about the sideshow's heyday. They were speaking at the Wellcome Collection, run by Britain's medical charity the Wellcome Trust, which has been explored the science behind some of these illusions of yesteryear.

Pictures copyright of the National Fairground Archive at The University of Sheffield and Sideshow Illusions.
Slideshow by Vanessa Buschschluter. Publication date 14 March 2009

divendres, 13 de març del 2009